La compañía de teatro “La Seis Dedos” crea, adapta y representa piezas teatrales con un lenguaje didáctico y creativo, utilizando múltiples disciplinas artísticas que se integran en un lenguaje teatral contemporáneo.
La compañía es reconocida por su calidad, originalidad y rigurosidad; condiciones que han permitido que el público a lo largo del país, disfrute de sus montajes. Sus obras han sido premiadas en diversos festivales nacionales.
“La Seis Dedos” está compuesta por 9 integrantes, todos actores profesionales, que además poseen una variedad artística, como músicos, escultores, antropólogos, profesores, etc.



13 de agosto de 2010

Crítica


Obra de teatro “La Amistad más Pura”
Basada en cuentos de Alfonso Alcalde.
Cía. La Seis Dedos.


Lo primero que llama la atención de esta puesta en escena es que comienza como todo buen teatro-circo con música, baile y canciones. Pero a poco andar, el espectador se da cuenta que es un auténtico y original aporte al género, tanto en lo referente a la dramaturgia como en cuanto a las actuaciones, vestuario, maquillaje, escenografía y música.

En un lenguaje chileno se cuenta una historia coherente que “agarra” desde el primer momento. Y eso que se trata de la adaptación libre de diversos cuentos de Alfonso Alcalde, autor cuyo aniversario de muerte es recordado en estos días. Con un trabajo de joyería van apareciendo personajes convincentes en una trama muy bien urdida.

Aristotélicamente hablando se puede decir que la obra comienza “in mediares”, es decir, por el medio, ya que Salustio, magistralmente interpretado por Diego Echeverría, ofrece su versión de por qué mato a Rufino, su rival en amores, frente a un juez que lo sentencia a muerte y ¡oh coincidencia! Resulta ser interpretado por el mismo actor que hizo de Rufino. Es el colmo de la venganza o, más bien, la magia del teatro y, como en los cuadros de Marc Chagall, con sus burros volando en el cielo y violinistas en el tejado, acá con una simple cabeza de equino, una chaqueta con manchas y una cola, el actor que hacía de Ceballos se convierte, ¡oh sorpresa!, en caballo. Si en todo triángulo amoroso hay una fémina involucrada, la de esta obra se lleva la palma de oro. Sandra Araya es Natalia, la mujer de goma, aguerrida, mujer de pueblo, simpática, sensual, una verdadera Giuletta Massina nuestra, que a su manera combate el tradicional machismo que nos tiene enfermos.

Entre brindis con chicha y vino, entre curas y canutas, entre parroquianos cargados al tinto y guardias cargados al blanco, transcurren las peripecias de estos esperpénticos seres humanos y nos conmueven por su patetismo y su alegría de vivir.


SERGIO GUZMAN ORTEGA DIRECCIÓN DE EXTENCIÓN UNIVERSIDAD METROPOLITANA DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
UMCE

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